El río de Seteníl. Una visión del pueblo desde el río. Segunda parte.

Seguimos nuestro trayecto del río aguas abajo. Aquí puedes ver Río de Setenil. Primera parte .

Tras abandonar el pueblo, empieza la zona de los abundantes molinos, tanto de nuestro río como de su principal afluente en Arroyo de Alcalá o Arroyo de los Molinos. Este en la confluencia aporta tanta agua como el mismo río, haciendo difícil diferenciar cual es más importante, tiene en su cauce una de las cascadas más bonitas de Seteníl y en una de sus curvas ha dado lugar a una cueva donde existe el mito o leyenda del niño que llora.

A partir de La Molinilla, juntos, los dos en uno, atraviesa por la zona de «Peña Caia» (¡que descriptivo el nombre!), una de las partes más espectaculares de su trayecto, donde una gran cantidad de rocas de gran tamaño se han precipitado sobre el río, dándole a este un aspecto salvaje y difícil de transitar, con abundantes pozas y saltos, donde las aguas parecen desaparecer entre las peñas y volver a resurgir justo después.

Es un río vivo, cambiante, donde su fisonomía se ve alterada constantemente, las impresionantes rocas que hoy están en un lugar, mañana han cambiado de postura o de sitio. Así, cada vez que lo visito lo encuentro diferente.

Luego atraviesa la zona de los escarpes y a partir de aquí se sosiega bastante, se ensancha, abundan las alamedas, también es zona (sobre todo después del puente de Trejo) donde las crecidas se desparraman de los margenes llenando de limo y arena gran parte de las huertas que lo acompañan. Lo que con el paso del tiempo ha dado lugar a llanuras aluviales entre Trejo y Torre Alhaquime.

La flora esta compuesta por arboles como: Sauces, chopos, fresnos, higueras, el olmo (el árbol más característico de nuestros arroyos y río, antes abundante y que hoy sobrevive en Los Caños) esta casi desaparecido por la grafiosis. Además una abigarrada maraña de cañaverales, junqueras, zarzas, juncias, tarajes y colas de caballo conforman una ribera difícilmente practicable.

En cuanto a la fauna: Dos especies ahora desaparecidas: El cangrejo autóctono, de la parte alta del río y el barbo, el nuestro era el barbo gitano (Barbus sclateri), una especie endémica de la Península Ibérica en las cuencas de los ríos Guadalquivir, Guadalete-Guadalporcún, Cuenca Sur, Segura y algunos ríos del sur de Portugal. Aún pueden verse abundantes ranas, el galápago leproso, la culebra de agua, patos silvestres, polluelas, mirlos, ruiseñores y otros pájaros,que alegran las alamedas. Obviamente es posible que tampoco esté ya el martín pescador, que hace tiempo veía en Trejo. Urge una recuperación medioambiental del río, se lo merece.

Seguimos parejo a la calle Jabonería

Pasarela que comunica la calle Jabonería con calle Mina.

Vista de la coracha y la iglesia desde el río

A la altura de la curva donde empieza la calle Cabrerizas estaba la acequia que llevaba el agua a la fábrica de los Blasquez.
Calle Cabrerizas. Cola de caballo y sauces


Fábrica de los Blasquez, en este lugar estaba la presa que elevaba el agua para la acequia del molino de los Ordoñez, ya desaparecida. Pueden verse las lineas de nivel que alcanzaba el agua. Aquí existían un salto y charco notables  a la vez que inquietantes, siempre en penumbra.
Confluencia del Río Trejo y el Arroyo de Alcalá. Como puede verse los dos aportan un volumen de agua similar.
Dejamos momentaneamente el río y ascendemos ahora por el Arroyo de Alcalá.
Salpicado también de varios saltos de aguas. No sé quién disfrutó más si Zeus o yo. Lo difícil no es poner al perro ahí, lo difícil es sacarlo de ahí y que no esté siempre en medio.
Nos acercamos a La Molinilla
Charco y salto de La Molinilla
Al atardecer. Con más tiempo de exposición podemos ver la trayectoria del agua y como a la izquierda ocasiona un remolino. Ya de pequeños nos advertían de este remolino.
Desde este mismo sitio he visto innumerables veces a los barbos superar esta cascada como si fueran salmones, era un espectáculo.
Vista cenital del charco de La Molinilla, el remolino aparece a la derecha.
Congelando el movimiento. Ahora se encuentra colmatado de arena, antes era un piscina natural.
La Molinilla
Presa derruida de la toma para la acequia de la Huerta Barca. El charco que había debajo era abundante en barbos. A veces  llegamos a pescar alguna anguila, era un río lleno de vida.
Como el río va limando poco a poca la roca.
Aquí el río se da de bruces contra la roca y tiene que cambiar de trayectoria hacia la derecha, a la izquierda da lugar a una cueva. esta es la cueva donde cuenta la leyenda que algunas veces se oye llorar a un niño.
Y volvemos el río, ya unido con el Arroyo de Alcalá, no adentramos en «Peña Caia», la zona más abrupta de su recorrido, con abundantes rocas de gran tamaño esparcidas sobre su curso, intentando impedirle el paso.

 

Pero el río se abre camino.
El agua parece brotar de entre las piedras como si de un manantial se tratara.
Ruinas del molino de los Ordoñez o molino del Batán. Aquí nació mi padre Pedro García Ordoñez, cuando era de mi abuelo Pedro García Anaya. De pequeño me pasaba los veranos aquí cuando ya era de mi tío abuelo Juan Ordoñez Porras.
Zona de salida del agua, después de cumplir su función salia limpia y cristalina. Esta piscina solía estar llena de peces que llegaban de la zúa tras atravesar el mecanismo, cuando se abrían los portillos volvían al río.
Poco queda ya de este molino. María, biznieta del antiguo dueño.
Aquí discurre por un lecho de margas azules, una roca impermeable rica en arcilla que se fractura con facilidad, proveniente de un antiguo fondo marino. Debe su color azulado al alto contenido en óxido ferroso.

 

Momento de crecida. Podemos ver como las rocas han cambiado de posición en la siguiente foto. La tres rocas del borde han caído al agua , la de la izquierda además ha avanzado varios metros partiendo el río en dos y en medio del charco ha aparecido otra. Las fotos se han sacado con dos meses de diferencia.
Sobre estas rocas se encontraba la presa para la acequia del molino de los Camacho, asentada sobre margas azules. Bajo la presa estaba el charco Corral, lugar donde muchos aprendimos a nadar.
Tomamos dirección al molino de los Camacho.
Corte geológico producido por el río, se van alternando en capas las calcarenitas y las margas azules.
Pasamos por los Escarpes del Río Trejo

Acequia del molino de las Perillas ya abandonada.
Casa donde estaba el molino de las Perillas, junto a los escarpes.
Crecida y avenida tras las lluvias.
Las Canchas
A esta altura se le une el arroyo del Marqués, con una magnifica cola de caballo  que este año ha estado en su máximo esplendor.
Arboles estampados sobre una toma de agua.
Pasados los escarpes el río se calma y ensancha, dando lugar a frondosas alamedas.
Lugar donde se encuentra a gusto el galápago (Mauremys leprosa). Echo de menos los barbos que lo acompañaban.
Puente de Trejo restaurado.
Desembocadura del Arroyo del Galapagar, en las inmediaciones del molino de Trejo, marca el limite del termino. A partir de aquí cambia el nombre a río Guadalporcún y se despide de Seteníl rumbo a los llanos de La Torre.

Zeus y yo también nos despedimos hasta otro proyecto. Espero que el paseo os haya gustado tanto como a nosotros.

4 comentarios en “El río de Seteníl. Una visión del pueblo desde el río. Segunda parte.

  1. Mario, haces bien en calificarlo como proyecto porque esto es más que un reportaje. Es el trabajo canónico que necesitábamos sobre nuestro río, el Gualdaporcún que hizo el pueblo y al que le damos la espalda. De verdad, este proyecto debería ser de obligada lectura en el colegio. Como dices en algún momento, parece increíble que ese paso por las Cuevas Román, ese tránsito encorsetado por las Cuevas y la calle Triana o las Jabonerías, por los escarpes y los antiguos molinos, no gocen de una mayor atención. Más que darte la enhorabuena te doy las gracias por regalarnos esta historia y, por supuesto, esas fotos que nos descubren el pueblo que habitamos y en el que nacimos.

  2. Gracias Pedro. La verdad es que tengo sentimientos ambivalentes, por un lado alegre por el magnifico río que tenemos y por otro una cierta tristeza por haberlo conocido en mejores épocas. Cierto es que la vida avanza y ya no vamos a volver a lavar en el río o a utilizar sus molinos, pero si es factible recuperar su diversidad ecológica (al menos recuperar los barbos), mantenerlo limpio y sin contaminación.
    Un abrazo.

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